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agosto 19, 2012

La pelicana y el androide - Luis Alberto Spinetta



 La pelícana y el androide

Una pelícana
con su ala partida
se echó a volar
y se perdió en la tempestad
y fue hacia la tierra
donde habita el androide ah

y esta magra tierra
que es siempre la nada
o la necesidad
no la dejó volver atrás
y nadie supuso que amaría
que amaría...

la calcomanía de todos los días se les quedó
y pronto tuvieron un amor
y procrearon varias aves androides
y en este espacio tan veloz
se busca vanamente
toda la vida
y ya no hay esmeraldas
y es que al beber de una piel
comprendió que era androide oh

miles de tormentas
asolaron las comarcas
nos quedamos viendo en la ventana
aquel amor que fue tan fuerte

ave de indochina
perdida en la niebla de alta mar
ya no te alejes de tu amor
aunque ya sepas que él solo es
que él solo es
un androide
ah

marzo 20, 2012

Hasta Morirla - Oliverio Girondo (1954)


Hasta Morirla
de Oliverio Girondo



Lo palpable lo mórbido
el conco fondo ardido los tanturbios
las tensas sondas hondas los reflujos las ondas de la carne
y sus pistilos núbiles contráctiles
y sus anexos nidos
los languiformes férvidos subsobornos innúmeros del tacto
su mosto azul desnudo
cada veta
cada vena del sueño del eco de la sangre
las somnilocuas noches del alto croar celeste que nos animabisman el soliloquio vértigo
cuanto adhiere sin costas al fluir el pulso al rojo cosmogozo
y sus vaciados rostros
y sus cauces
hasta morder la tierra
lo ignoto noto combo el ver del ser lo ososo los impactos del pasmo de más cuerda
cualquier estar en llaga
los dones dados donde se internieblan las órbitas los sorbos de la euforia
cualquier velar velado con atento esqueleto que se piensa
la estéril lela estela
el microazar del germen del móvil del encuentro
los entonces ya prófugos
la busca en sí gratuita
los mititos
hasta ingerir la tierra
todo modo poroso
el pozo lato solo del foso inmerso adentro
la sed de sed sectaria los finitos abrazos
toda boca
lo tanto
el amor terco a todo
el amormor pleamante en colmo brote totem de amor de amor
la lacra
amor gorgóneo médium olavecabracobra deliquio erecto entero
que ulululululula y arpeialibaraña el ego soplo centro
hasta exhalar la tierra
con sus astroides trinos sus especies y multillamas lenguas y excrecreencias
sus buzos lazo lares de complejos incestos entre huesos corrientes sin desagües
sus convecinos muertos de memoria
su luz de mies desnuda
sus axilas de siesta
y su giro hondo lodo no menos menos que otros afines cogirantes
hasta el destete enteco
hasta el destente neutro
hasta morirla 
 
___________________________________
Oliverio Girondo (1891-1967) En la masmédula, 1954.
(Nota de M. M. : Nótece la ausencia de signos de puntuación en esta etapa póstuma.)

El Flaco - Por Marcelo Meza




El Flaco


Me dicen las hojas que van al viento que el Duende, el Mago de esta música argenta cósmica se ha ido.  Y promete que se quedará o se irá, según se le antoje al alma sensible del flaco, que es un Luis y que también es un Spinetta. Adónde se va me importa poco, espero, sí, que no haya olvidado el banderín del River Plate de sus amores, ni el mate amargo, a toda velocidad en la nave del capitán Beto. ¿Y a quién le cuento esta tristeza nueva?
¿A quién le lloro este dolor blando y duro a la vez? Que se complota con rabia y risa y lágrimas, porque lo amamos tanto como a un amigo hermanado, como a un maestro papá elegido de grande, maestro de guardapolvo blanco que nos indica la vida por entre las piernas de la poesía.
¿Y qué será de mí, de mis oscuridades musicales, de mis sombras perplejas que no asoman a tus séptimas atómicas?
Yo que fui y soy el alumnito del fondo, que te descubrió tarde, en mi vejez de los trece años... Yo, de la vergüenza de luchar contra todo mi cuerpo por verte, porque siempre temí la sospecha de que el día que te viera iba a desaparecer el mundo conocido o despertar de esta vida de magia tuya contagiada en las travesuras que me permitís con tu folclore fantástico y tierno. Yo, él de la sensible envidia jugosa, de no haberte visto nunca de cerca, me perdí. Entonces se me antoja esta envidia elástica a todos tus seguidores de plata. El Negro lo sabía por eso se adelantó. Sí,  el Negro Jorgito Alali, sí, el poeta, que te amaba tanto o más que nosotros, y cuando digo nosotros me refiero a Ricardo Alali, Vampirí; y a Jorge Rodríguez, el Chueco. Cada uno te alegra lágrimas de flores, porque nos iluminaste para siempre y no nos pediste más que ser nosotros mismos.
¿A quién le canto esta baguala líquida, si ya no escuchan más que fósiles moribundos?

¿Estoy solo en este dolor, en esta ausencia? Porque mi hambre poético viseral y mi sed de amor a tu música y al idioma que se hace lenguaje no cesa, no en este tiempo de brumas y silencios temibles. ¿Adónde voy a encajar ahora? ¿En qué planeta?
Me abuenaste Luis Alberto de la luz. Me creciste un surrealismo capaz de atormentar mis más enajenadas miserias.
Gracias a vos comí la poesía del abrazo y del amor que nos iguala.
Dicen las hojas o el viento sur una canción para los días de la vida que se nutre un poquito de nuestra nostalgia, que nuestros aprendizajes  te hacen sonreír una vez más con tu gorda sonrisa de niño pilusón.
Gracias por decirme estos misterios populares,  por haber estado presente desde antes de toda conciencia  mía, conviviendo en el corazón, que me estoy yendo en la tristeza del amor, silbando pa' dentro tu color y tu manera de sentir la vida en tu acorde invisible y  perfecto.

________________________________________________
Marcelo Meza - Con cariño - 9 de febrero de 2012

septiembre 26, 2010

casos - Juan Gelman




















Casos

la pajarera de pentecostés
no te acostés no con la parajera

viajaba por la nieve un abanico
leve le daba en la mitad del pájaro
había alcaldes discursos mi som
brero
saludaba galantepenconstés
tus manos sí que usaban guantes crueles

y antes fieles cantaban mis mejillas

las pajarillas aban cantapiés

de pies señores ándales de pies

carancanfúncales carancanfúncales

perro amigo en el bazo y en el tres

así será así fue así es

tres claro tres pelotas así es

claramente cortado de costado

como mi pan sinmigo pero entrado

y alguno cuándo no murmura ves

te robaré en un cab tirado por camellos

reales y la reina de Inglaterra

los vecinos de envidia se arrancaban los cabellos

y nos mandan precisamente a l
a mierda
pero nosotros vamos directamente a un cielo

donde te como el cuello muy delicadamente

y tú eres un desierto abierto entre dos se
nos
y yo como un camello te recorro caliente

y después del amor volvemos al amor

y amoramos amamos amemoramos mamos
y las huríes danzan adentro de una flor

y entonces te traiciono inevitablemente

con una hurí que se parece a ti

por que Alá no está institucionalizada
y como yo no quiero serte infiel

y vos tenés la culpa que lo sea

es mejor que te cases con aquél

y te conviertas en una gorda fea

y entonces yo diré en el café del barrio
cuando pases moviendo tu ser y tu no ser:

"pude haber hecho una mujer de esa mujer

si hubiese sido necesario"


"Casos" Del libroCólera Buey, 1994, Ed. Seix barral, pag. 48. Bs As. /
Primera edición en la editorial La rosa Blindada 1971.

Juan Gelman
Bitácoras de Gelman















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Ilustración
Jacek Yerka



Nacido en Polonia en 1952, Jacek Yerka estudió bellas artes y los gráficos antes de convertirse en un artista de tiempo completo en 1980.

Mientras que en la universidad, Yerka resistió las presiones constantes de sus instructores para adoptar la menos detallada, las técnicas menos realista que caracterizan a gran parte del arte contemporáneo.

En cambio, obstinadamente continuó trabajando en el estilo clásico, meticuloso flamenca que todavía favorece a este día.

Al final, fue su profesores que finalmente cedió, finalmente el reconocimiento de su estudiante determina como un brillante (aunque preocupante) talento.

junio 08, 2010

Juan Carlos Bustriazo Ortiz


Se apaga la voz del mejor surrealista Pampeano y argentino
______________

Juan Carlos Bustriazo Ortiz
3 de diciembre de 1929 Santa Rosa - 7 de junio de 2010


V

Te regalé unas cuentas indias

y había un color de aroma hereje tan sobre mí caía el
cielo amarilleaba su piel verde yo sé que labro joya
oscura sólo por vos que me la entiendes porque a vos
te hablo en esta piedra enrumorada de caldenes quién
sino vos me la naciste y en quién sin vos ellas se mece
te di en la tierra qué colores sonorositos magamente
remotas gemas de collares ascuas de piedras de otras
gentes besos de piedras recobradas entre tus manos
vieja fiebre alegría vieja o amoríos de aquella aquel que
están sin frente te regalé gualicheríos piedras de dulces

redondeles.


Décima Primera Palabra

Lasqa qarnaL, ardiente peladura
del qorazón, guiñapo de la luna
en menstruacióN, pellejo, arranqadura,
sangrienta faZ, manzana gemebunda,
desgarración, piltrafa sin ventura.
No eches verdoR insano ni no luzqas
qon tu angurriento amoR, ni des ninguna
qría infeliZ al monstruo de esta uva.

Décima Sexta Palabra

Adiós, adiós. Hasta mañana, lengua,
lueguito o no, luegura si me llega,
levántar me, nacerme de la huesa,
la sabanura, almohada, estotra greda
de la que subo taza, vaso o luenga
jarra de Juan. Hasta mañana, lengua!
(Ellos ya están cantando: “cuchillocóoooooo!...)


Vigésima Primera Palabra

Cómo será la cola de una bruja?
Azafranada, viola, miel, canela,
color durazna, de damasca prieta,
poma escarlata, ciclamor de luna?
Cómo será la cola de una bruja?
Color de espiga, leche, tuna, hoguera,
o de ostra de oro, de sirena intensa?
Cómo será la Cola de una Bruja?
Yo me pregunto, pobre Juanca. Nunca
sabrás del todo, porque te es tiniebla!

Vigésima Cuarta Palabra

Águeda Franco: ahora que estoy preso
que este homicida late consumido,
yace oxidado, occipital, confeso,
occidental, poniente, sol caído,
y parietal, decúbito, poseso
de su fatal, de su hecho renegrido,
lástima, sí, Águeda Franco, de eso
que el hombre llama crimen, de eso he sido
un elegido más, ni pan ni hueso
tengo el roer, y el carcelero, ido
en su pensar, su vuelo, pasa tieso,
talón, talón, borceguí negro, hundido
en lo betún, la sombra, fuerte, ileso,
Águeda Franco: bésote, sentido.

(Cárcel de Encausados de Santa Rosa, 24 de marzo)
Esquela endecasílaba para Águeda Franco, tierna muchacha
de General Pico, escribidora de floridas cartas y de bellos poemas pintados.


Fuente:
http://www.revistalamasmedula.com.ar/nro2/nota5.htm

http://blogs.lanacion.com.ar/amiano/poesia/bustriazo-ortiz/

http://www.clarin.com/sociedad/hombre-transformo-poesia-dictado-Dios_0_275972450.html

agosto 12, 2009

Luis Alberto Spinetta - Música y Poesía de vanguardia
























No te busques ya en el umbral

Estás perdiendo el tiempo pensando, pensando,
estás fuera de la vida jugando y perdiendo.
Comes tu conciencia, manzano en la nada,
y qué dirán las sombras de todo tu regreso.
Tu ser sin querer se abrirá de la luz
se irá sin saber que lo amaban.

Deambulan los perros en busca de agua,
y como pasa el tiempo sin fuego, sin fuego.
Ángel de los pobres pequeña armonía
algo tiene un ensueño en este insomnio.
Tu ser sin querer se abrirá en la luz

se irá sin saber que lo amaban.

Ya dejaste tu día buscando las moras,
hablando de los niños que escriben en el cielo.
Apocalipsis de aire, de aire,
termina todo ese oro en tus bolsillos.
Perdido en el mundo tu ser te dolerá al fin
ombligo de piedra marcado.

No te busques más en el umbral
para que sepan la forma de tu alma
y que siga la melodía.

Luis Alberto Spinetta

______________________
Canción que forma parte del disco
"Los niños que escriben en el cielo"
Spinetta Jade - (1981)

agosto 08, 2009

Marcas - De Juan Gelman



























Marcas

La del vestido blanco era una tarde unas tetas el mundo

torpemente atacado por cuartos altos grises

jugando a hombre y a mujer ya tan temprano

los niños preparaban los actos de la noche esas tetas

de inclinada a su mujer con alarmas entregas con rumores

de la pasión bajo su miedo y un falo que indicaba las leyes del varón

tetas dulcísimas o dadas

donde sonaba un piano un espectáculo redondo en su mudez

piano de leche abierta a los terrores de códigos violados

dos niños como un ciego

procuraban sus límites inciertos sus piedras sus fronteras

creaban la tristeza la magnífica que viene del amor

la gran clausura la delicia

carne como una inmensidad

y un silencio de sangre su oleaje contra el tímpano

la ajenidad del mundo

las tías que invitaban a comer


Juan Gelman

Arte El Tomi

julio 27, 2009

Buen Día día - Miguel Abuelo - Música y poesía

Biografía de Miguel Abuelo
Biografía 2

Buen día, día


Buen día, día. Día, buen día.
Buen día, perro, mujer buen día.
Arbol buen día, señor buen día.
Buen día, hijo, hermano buen día.
Buen día, dia. día, buen día.
Soy todos tus olvidos
y de todos tus olvidos
aparece mi alimento.

Aqui tu libertad,
aqui tu intención
apelmazada de ser pájaro.
Aqui la piedra de tu risa.
Aqui... mi boca arriba y gritando
Buen día, a todo lo que pasa.
Yo soy el que da rota de tu paso olvidado.
Aquel que te camina,
descalzo entre tus pasos.
Nada sé, no. Nada sé...

Buen día, día. día, buen día.
Buen día, sol, soles buen día.
Tontos buen día, señora buen día.
Buen día, aire, luna buen día.
Aqui tu libertad,
aqui tu intención apelmazada de ser pájaro.
Aqui la piedra de tu risa,
aqui mi boca arriba gritando: Buen día,
a todo lo que pasa.

Juntos cavaremos hasta la superficie de mi tierra.
Tu dolor es amor transformándose en mundo
y una caja es mi cuerpo donde el dolor no cesa.
Adentro mío;
Escarba hoy en tu mano tratando de
ubicarte en la cima.
Embelesate ahora que estas vivo.
Este mundo era ya una loqueria.
Vamos...adelante.
Llevaras todo junto,
llanura y vegetal entrelazado.
Agua sobre fuego y fuego bajo tierra.
Sé bien que tus coros se pondrán
contentos.

Vamos...adelante.
Que suba lo que crece.
Lo que se fue se vaya.
Aqui voy yo.
El que río y río
bajo y sobre las vertientes.
Aqui voy yo,
el que tentó al amigo.
Oíd, oíd, que hermoso ría que suena en tí
llamando, humano, humano, humano...

El pensamiento corre,
el cuerpo baila.
Los ojos iluminan.
La voz llega y escapa.
Por que trastocar la lozanía
que hay en tu alma?
Ah! La estridente coraza.
Oh! La enfrascadora jornada.
Brindo contigo, Holderlin.
Por lo gratis, al bendición etérea.
Y oíganse las manos serviciales.
La tares del amor,
creativo y fraternal.

Buen día, remanso, tempestad buen día.
Buen día, ruta, muerte buen día.
Buen día, día.
Ey! Y si hubieras contraido
compromiso con la muerte?
Y si hubieras muerto acaso?
Peleando o creyendo.
O intentando escaleras para atrapar las
espaldas del cielo?
Hubieras llevado gloria hacia allá
(hacia desde donde ya no se vuelve)
Pero también, hubieras dejado fábula,
utopía y polvo
entre mis cofrades mortales.

Pobre eres si no llevas repletas las arcas
de tu corazón.
Idiota perdido aquel que no se reconozca en un
odio insensato.
Que imbécil no verá su pasión mas
desjuiciada.
Y que clase de rico será
quien no lleve todo junto y en un solo puño
la psiquis y el latido de su pueblo.

Buen día, dia. día buen día.
Buen día estrella, humildes buen día.
Buen día cerca, lejos buen día.
Buen día, buenos locos buen día.
Buen día, mañana. Traición buen día.
Del ultimo sueño vengo,
del ultimo sueño soñado.
Han caído cortezas de mí.
Imperios han venido y desaparecido.
He comido el pan de la locura.
He sido cuerpos de otros cuerpos
y me he despertado en fiestas y caídas.

He sido celoso como mi ángel guardián
y paciente como las arañas.
Tanto he dormido en el azul barro del
invierno como he vuelto desde la blanca luz
de los ciegos del mundo desierto
entre cactus, reptiles y minerales.
Buen día, dia. día, buen día.
Mi joven realidad ya no se busca
en los reflejos de un espejo astillado.
No quiero ser un barco anclado
sobre un río tormentoso.

¡He venido a mover y darle
marcha a la fanfarria!
me fecunda la música que tonifica
el cura.
Los poetas me acusan de deber ser
valiente.
Las artes para siempre,
las musas sin cadenas.
Huelo, como vino, juego.
Me recuesto cara al cielo.
y mi reposo goza en la paz de cada origen.

Buen día, dia.
Adiós barcos anclados sobre torrentosas aguas.
Adiós espejos astillados.
No nosotros, regocijo del rocío
sobre narices esplendidas.
No, no, no,
no nosotros
elásticos elebradores de deseos.
Buen día, dia.
Buen día, futuro venturoso.

junio 01, 2009

Piedra libre al Sur realismo - Por Marcelo Meza



Piedra Libre al SurRealismo

Cadáver exquisito


Por Marcelo Meza


¿Qué especie animal será un nuevo surrealismo cansado de tanta insolente linealidad? La ruptura, inevitable, fue vital a principios del siglo veinte, tanto como noventa años después. No sé de títulos maniqueos ni de espectaculares protocolos, esa ridiculez sumada a la avaricia de vulgaridad es, en estos días, de una glotonería tal que da asco y que ese arte inquieto supo denostar. El predicamento poético en lenguaje surreal, de tono lírico y violento, sigue provocando al hombre-miedo que somos, al hombre-elefante que vamos siendo. Su desenfrenada insurrección hacia lo quieto, para con lo enquistado sin salida, abrió mentes, con su estandarte de pura impregnada libertad, no en busca de la belleza sino en la belleza misma.


Ya en 1916 (y luego en 1924), iba naciendo una conciencia de los dadaístas que mutó en ideal plataforma para lo que conocemos como Surrealismo. Han pasado casi cien años desde el inicio de esas aventuras juveniles en el marco de un mundo demasiado acartonado y mendaz para poderlo abrazar con la fuerza requerida. Dos décadas después, especialmente en Argentina, el surrealismo tomó otro rumbo gracias a escritores y plásticos, músicos y cineastas. Sin olvidar, por supuesto, la importancia del teatro. Semejante manifestación, que tuvo diferentes exponentes de un surrealismo atropellado, ignorado y hasta caído en el más bajo de los desprecios, supo dejar una impronta que nos llega hasta nuestros días. hete aquí nuestro sabor nacional.


Pensar el surrealismo es desatar la duda para anclarse en la imaginación, volver a lo niño y a la niñez. Jugar el juego grande de los que no se conforman con la barbarie. Volver a crecer la mente y el alma, rompiendo, gastando la broma del pensamiento en la carcajada de la discordia como herida. Arrancar la rutina que incomunica, que desdice la vida. Rebeldía a la ignorancia, a la mediocridad encantada y festejada por imbéciles de la pereza.


Otros encumbrados supieron con sorna y pluma ágil subscribir ampulosos manifiestos. No está en este simple observador ningún intento semejante, ni mucho menos agruparse a manera de cofradía, sino libremente y en pleno uso de la voluntad, fomentar una invitación a la idea surrealista por la sumatoria de talentos y de corajes. Encontrarse para crear la fuerza o la parafuerza, huelga de pensar igual y creer lo mismo. Utilizar con alegría las herramientas que dejaron nuestros referentes, esto es: la utopía, espontaneidad e inconciencia, liberación de las formas, amplitud mental en el plano onírico.


Por un nuevo intelecto de la idea, pequeño anarquismo —y por qué no— firme socialización de las emociones. Hay una necesidad de autoconvocarse a hacernos arte, suerte de salvavidas de la divinidad, en la aventura de transmitir el gen y la poesía.


Hete aquí un idioma generoso y difícil. Renace de las cenizas del agua. Ojalá sepamos ser el número maldito los que juguemos el metalenguaje de virtud, trabajo y humor desprovistos de mezquindades.


Para dar a conocer una mirada paralela de la realidad nuestra, de la fatídica Sur realidad.

________________________________________

1º junio de 2009 - Todos los derechos reservados
Se puede copiar el texto citando al autor.
Arte pástico de Nicoletta Ceccoli

Los Protagonistas:

Tristán Tzara
André Bretón
Jacques Prévert
Paul Valéry
Guillaume Apollinaire
Antonin Artaud
Luis Buñuel
Paul Éluard
Salvador Dalí
Oliverio Girondo
Vicente aleixandre
Cesar Vallejo
Aldo Pellegrini
Juan Gelman
Xul Solar
Julio Cortazar
Manuel Antin
Enrique Molina
Grupo Humus

(Esta lista seguramente es incompleta. Se aceptan comentarios y propuestas)

enero 08, 2007

Gotán - Juan Gelman


GOTÁN

















Esa mujer se parecía a la palabra nunca,
desde la nuca le subía un encanto particular,
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza,
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad.


Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por la última vez.
______________________________________________
Juan Gelman - Gotan, Ediciones LA ROSA BLINDADA, Buenos Aires. Dic 1962
Obra plástica: Ricardo Carpani Tango Pasión.1992.Acrílico sobre tela.70 X 50 cm.
Este poeta excepcional nació en Buenos Aires —en el histórico barrio de Villa Crespo— en 1930. Su primera obra publicada, Violín y otras cuestiones, prologada entusiastamente por otro grande de la poesía, Raúl González Tuñon, recibió inmediatamente el elogio de la crítica. Considerado por muchos como uno de los más grandes poetas contemporáneos, su obra delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del "realismo crítico" y el intimismo, primeramente, y luego con la apertura hacia otras modalidades, la singularidad de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo.

Enredaderas del ocaso - María Meleck Vivanco

Enredaderas del ocaso

Son monedas de tréboles o monedas de agua? Compramos
seis grilletes para el temblor
Dioses de la periferia, no podrán engañarnos Cuentan con el
sangrado sobre la piedra inerte Esa carta del monte, enceguecida
en su verdor
Por millones de eclipses, desaliño en los árboles la fábula
perfecta El río impenetrable obseso de palomas Tornado de
cuchillos sin muerte Juez del pánico que saltar el mundo
que hace enredar la vida y levantar esencias de fruta enamorada
Sus memorias, sus tactos que sueltan mariposas

Enredaderas del ocaso Cortinado de besos, que cuesta
Descorrer


Con largos bramidos de luna, dibujé animales que habrían de
conocer mi nombre Y en el furor del aguacero, olí una doble fila de
perfumes Los duendes del insomnio y el cielo rojo, incendiaron la
hierba
Estrañamente cruel, refundada de espejos que cortaban el aire,
opté por la aventura La oropéndola devoradora de su propio
capullo
Los tiernos cirujanos, desangraban las flores como si fueran
mis costillas
Entonces permanecí desnuda, sobre la mesa helada del
hospicio


Estoy a salvo Los rostros no se quedan en mí
Por casi nada, invado su lengua silenciosa Entonces, él me
destruye en éxtasis El muy amado, dibuja de memoria mi corazón
La profecía, repite la mixtura
Todo está disponible Todo el velamen tenso de un monte
entre abejorros Con sangría esotérica, emparejando
Empieza el frenesí a reventar la grieta Cada dos madrugadas
se trasparenta el sexo Y se agitan las llaves del milagro La balsa
cadavérica que desplaza la luna
Siete de velo, arrima fuerte su azul cobalto El ajedrez
jaqueando, duele como ninguno Hojas despavoridas, tienen menudas
trampas que sacuden recuerdos
Rojo en el rojo Azul en el Azul
Azar que amarillea las primicias Las palabras, como oro de
moneda imperial
Desde el centro, el espejismo descarrila los trenes

_______________________________________
María Meleck Vivanco
Fuente: Revista Ñ, Nº 153, 1º sep 2006.
Obra plástica:"El guardián de los sueños", acrílico sobre lienzo 0,60 x 0,80 mts© Dino Masiero Sauber

María Meleck Vivanco, Cordoba, 1921.
Llegó a Bs. As. en 1943. Frecuentó a Aldo Pellegrini, Enrique Molina, Carlos Latorre, Oliverio Girondo, J. J. Ceselli y Francisco Madariaga, entre otros. Multipremiada. Fue la más joven integrante del primer movimiento surrealista argentino. Sus libros de poemas son Taitacha, Temblores, Hemisferio de la rosa, Rostros que nadie toca, Los infiernos solares, Balanza de ceremonias y Canciones para Ruanda.

"Deseo aclarar el "dilema" de mi nacimiento. Fue en la provincia de Córdoba al Oeste, en el valle de San Javier (tras las sierras de Comechingones). Con un entorno de pequeñas cordilleras y montes poblados de inagotable riqueza natural, que culminan con el majestuoso pico Champaquí, de 2700 metros sobre el nivel del mar. El valle, mi amado terruño, mi chunka, se haya cubierto por un monte áspero, de una vegetación achaparrada y espinosa donde viven alimañas arcaicas. Lagartos, escorpiones, matuastos, quitilipes, y aves de rapiña. También pumas y cóndores con extraños nombres heredados del habla Inca del Alto Perú, la cual endulza singularmente el acento español de los "conquistadores" y acrecienta nuestra devoción hacia lo vernáculo, con la historia sagrada de sus dioses legendarios". "Más adelante, el grupo se aproxima (1945 y 46) a Aldo Pelegrini, Oliverio Girondo y su mujer Norah Lange. Podría hacer un libro con las famosas anécdotas insólitas y muy divertidas que se generaban noche tras noche en nuestra exaltada bohemia. El principal lugar de reunión, era el restaurante "Robino" (años 46, 47 y 48), cito en Ángel Gallardo y Corrientes, a una cuadra del tranvía 5 que tomábamos invariablemente para regresar a nuestros lugares de madrugada y en patota. Allí se hablaba de radicalismo, socialismo y también de política de ultra izquierda. Éramos como revolucionarios líricos fascinados por la figura emblemática de Trosky y admirábamos profundamente al surrealismo francés de Bretón y sus manifiestos. Pero también tarareábamos viejos tangos nostálgicos, memorizando sus letras de total poesía. Comíamos por monedas, abundante y sabroso. Bebíamos "tintillo" por demás con interminables débitos y la paciencia leal y generosa de esos gallegos dueños del negocio, tan delirantes que se habían convertidos en compinches de los "jóvenes intelectuales de la noche porteña". (Fragmento de la Entrevista con Raúl Henao, Medellín)

noviembre 27, 2006

Conejo - Abelardo Castillo



Conejo

Y cualquiera que escandalizare a uno de estos
pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le
colgase al cuello una piedra de molino de asno, y
se le anegase en el profundo de la mar.
MATEO, XVIII: 6


No va a venir. Son mentiras lo de la enfermedad y que va a tardar unos meses; eso me lo dijo tía, pero yo sé que no va a venir. A vos te lo puedo decir porque vos entendés las cosas. Siempre entendiste las cosas. Al principio me parecía que eras como un tren o como los patines, un juguete, digo, y a lo mejor ni siquiera tan bueno como los patines, que un conejo de trapo al final es parecido a las muñecas, que son para las chicas. Pero vos no. Vos sos el mejor conejo del mundo, y mucho mejor que los patines. Y las muñecas tienen esos cachetes colorados, redondos. Caras de bobas, eso es lo que tienen.

A mí no me importa si no está. Qué me importa a mí. Y no me vine a este rincón porque estoy triste, me vine porque ellos andan atrás de uno, querés esto y qué querés nene y puro acariciar, como cuando te enfermas y andan tocándote la frente, que parece que los tíos y los demás están para cuando uno se enferma y entonces todo el mundo te quiere. Por eso me vine, y por el estúpido del Julio, el anteojudo ese, que porque tiene once años y usa anteojos se cree muy vivo, y es un pavo que no ve de acá a la puerta y encima siempre anda pegando. Se ríe porque juego con vos, mírenlo, dice, miren al nenito jugando al arrorró. Qué sabe él. Los grandes también pegan. Las madres, sobre todo. Claro que a todos los chicos les pegan y eso no quiere decir nada, pero igual, por qué tienen que andar pegando siempre. Vos, por ahí, vas lo más tranquilo y les decís mira lo que hice, creyendo que está bien, y paf, un cachetazo. Ni te explican ni nada. Y otras veces puro mimo, como ahora, o como cuando te hacen un regalo porque les conviene, aunque no sea Reyes o el cumpleaños.

Yo me acuerdo cuando ella te trajo. Al principio eras casi tan alto como yo, y eras blanco, más blanco que ahora porque ahora estás sucio, pero igual sos el mejor conejo de todos, porque entendés las cosas. Y cómo te trajo también me acuerdo, toma, me dijo, lo compré en Olavarría. El primo Juan Carlos que vive en Olavarría a mí nunca me gustó mucho: los bigotes esos que tiene, y además no es un primo como el Julio, por ejemplo, que apenas es más grande que yo. Es de esos primos de los padres de uno, que uno nunca sabe si son tíos o qué. Era una caja grande, y yo pensaba que sería un regalo extraordinario, algo con motor, como el avión del rusito o una cosa así. Pero era liviano y cuando lo desaté estabas vos adentro, entre los papeles. A mí no me gustaba un conejo. Y ella me dijo por qué me quedaba así, como el bobo que era, y yo le dije esto no me gusta para nada a mí, mira la cabeza que tiene. Entonces dijo desagradecido igual que tu padre. Después, cuando papá vino del trabajo, todavía seguía enojada y eso que había estado un mes en Olavarría, lejos de papá, y que papá siempre me dice escribile a tu madre que la extrañamos mucho y que venga pronto, pero es él el que más la extraña, me parece. Y esa noche se pelearon. Siempre se pelean, bueno: papá no, él no dice nada y se viene conmigo a la puerta o a la placita Martín Fierro que papá me dijo que era un gaucho. A papá tampoco le gustó nunca el primo Juan Carlos. Y yo no te llevo a la placita, pero porque tengo miedo que los chicos se rían. Ellos qué saben cómo sos vos. No tienen la culpa, claro, hay que conocerte. Yo, al principio, también me creía que eras un juguete como los caballos de madera, o los perros, que no son los mejores juguetes. Pero después no, después me di cuenta que eras como Pinocho, el que contó mamá. Ella contaba cuentos, a la mañana sobre todo, que es cuando nunca está enojada. Y al final vos y yo terminamos amigos, mejor que con los amigos de verdad, los chicos del barrio digo, que si uno no sabe jugar a la pelota en seguida te andan gritando patadura, anda al arco querés, y malas palabras y hasta delante de las chicas te gritan, que es lo peor. Una vez me dijeron por qué no traes a tu hermanito para que atajen juntos, y se reían. Por vos me lo dijeron, por los dientes míos que se parecen a los tuyos. Me parece que te trajeron a propósito a vos, por los dientes.
Ellos vinieron todos, como cuando la pulmonía. Y puro hacer caricias ahora, se piensan que uno es un nenito o un zonzo. O a lo mejor saben que sé, igual que con los Reyes y todo eso, que todo el mundo pone cara de no saber y es como un juego. Y aunque el Julio no me hubiera dicho nada era lo mismo, pero el Julio, la basura esa, para qué tenía que venir a decirme. Era preferible que insultara o anduviera buscando camorra como siempre y no que viniera a decir esa porquería. Si yo ya me había dado cuenta lo mismo. Papá está así, que parece borracho, y dice hacerme esto a mí. Y ellos le piden que se calme, que yo lo estoy mirando. Entonces me vine, para hablar con vos que lo entendés a uno y sos casi mucho mejor que el tren y ni por un avión como el del rusito te cambiaba, que si llegan a imaginar que yo te iba a querer tanto no te traen de regalo, no. Y nadie va a llorar como una nena porque ella está enferma y no puede volver por un tiempo. Y si son mentiras mejor. Oscarcito tampoco lloraba. Ese día también había venido mucha gente, pero era distinto. En la sala grande había un cajón de muerto para la mamá de Oscarcito. Estaba blanca. Oscarcito parecía no entender nada, nos miraba a todos los chicos, pero no lloró, le decían que la mamá de él estaba en el cielo. Y esto es distinto. Mi mamá no está en el cielo, en Olavarría está. El Julio, la basura esa de porquería me lo dijo, pero a lo mejor se fue enferma a algún otro lado y por qué no puede ser. Todos lo dicen. Todos menos el primo Juan Carlos, que tampoco está. Y mejor si no está, que a mí no me gustó nunca por más que ella dijera tenes que quererlo mucho, y una vez que yo fui a Olavarría no los dejaba que se quedaran solos. Anda a jugar al patio, siempre querían que me fuera a jugar al patio: ella también. Y después puro regalar conejos, sí. Se creen que uno no se da cuenta, como ahora, que si estuviera enferma no sé para qué lo andan aconsejando a papá y él me mira, y se queda mirándome y me dice hijo, hijo. Y a veces me dan ganas de contestarle alguna cosa, pero no me sale nada, porque es como un nudo. Por eso me vine. Y no para llorar tranquilo sin que me vean. Me vine porque sí, para hablar con vos que lo entendés a uno, y sos el mejor conejo de todos, el mejor del mundo con esas orejas largas, y dos dientes para afuera, como yo cuando me río.

Me parece que no me voy a reír nunca más en la vida yo. Eso es lo que me parece.
Y al final a nadie se le importa un pito de los dientes, porque yo te quiero lo mismo y te quiero porque sí, porque se me antoja. No porque ella te trajo y mejor si no va a volver. Ojalá se muera. Y lo que estoy viendo es que esa cabeza, que tenes no es nada linda, no, y si quiero vamos a ver si no te tiro a la basura, que al final de cuentas nunca me gustaste para nada vos. Y lo que vas a ganar es que te voy a romper todo, los dientes, y las orejas, y esos ojos de vidrio colorado como los estúpidos, así, sin que me dé ninguna gana de llorar ni nada, por más que te arranque el brazo y te escupa todo, y vos te crees que estoy llorando, pero no lloro, aunque te patee por el suelo, así, aunque se te salga todo el aserrín por la barriga y te quede la cabeza colgando, que para eso tengo el tren y los patines y...
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LOS MUNDOS REALES, Alfaguara ©1966, 1976, 1992, 1997 - Abelardo Castillo

noviembre 16, 2006

Artículo diferente - Macedonio Fernandez


Articulo diferente

En los días en que toda la literatura es: "Señor, habiéndose derretido la ley de alquileres, prefiera usted, desde hoy, en esta su casa por ésa mi casa, pagarme 80 pesos más, etc.", me dirigí a "Martín Fierro" pidiéndole me aumentaran espacio para los escritos. Con tal mala suerte que se me contestó mandara sólo artículos cercados o sea contenidos por un cerco y que tuvieran la solución cerca, y, además, que ocuparan un solo lugar. De modo que no he podido saber qué gusto tiene un aumento, cuando toda la población lo sabe. La comunicación de los directores no dice si avisarán cuando estén de mejor humor; no usan postdatas que alegren. Si insisto me van a prosperar hacia la calle.

Así que, estimado lector, hoy no publico más que la mitad de lo que se ve aquí.


Toda persona que haya estado en este mundo sin techo y con moral, redondo en esta semana y que no sobra por ningún rumbo, habrá redondeado, en día de soberbia, el pensamiento de haberle tocado sólo a él nacer del lado en que las tortitas tienen azúcar, que es frente mismo adonde sobresale la manija del planeta que "gira alrededor de sí mismo" si pudiera yo girar en torno de mí mismo me repasaría la espalda del sobretodo al retirarme de cada pared; y viendo que este mundo no es como los días jueves que alcanzan para todos, sino corto, de economizar, que se consume por donde lo gastan, disfrutándolo el que llega primero que no son todos tendería su mano afanoso a dicha manivela en procura de dirigir el globo hacia donde él está; si bien esto es algo imposible en mecánica estricta hallándose la persona y el mango en un mismo sistema de coordenadas. Pero las "recomendaciones' son la genuina cuarta dimensión que se busca, y en mecánica laxa, interesándose personas de influjo se le cepillaría la incongruencia a mi proposición. Un sobreviviente de las conferencias de Einstein me garante que esto es todo lo que le entendió; me confesó dicho amigo que él asistía con el plan de entender; de modo que no hay nada que dudar en el asunto; ni se puede discutir cuán enojoso habría sido para Einstein conocerle semejante plan. Sigo aquí porque es donde debe continuar un artículo diferente.


Siendo esto así y lo demás de otro modo, es casi seguro que las continuaciones alargan los artículos y también que todo hombre creyó alguna vez tener en su poder la manija de este quejadero redondo y que no hay en Buenos Aires esquina tan larga que permita esperar en ella todo el tiempo necesario para catalogar cuantos proyectos se le ocurrirían a tal hombre de lo que haría y desharía con el mundo, en que nosotros estábamos tan tranquilos. De mi sé decir suerte que me tengo ahí hoy y aquí; sino no sabría nada de lo que piensa una persona en tal emergenciaque hallándome en esa afortunada prerrogativa imprimiría a dicha manivela impulsión tan brusca y bajo tan exquisito cálculo de direcciones, que saltarían del planeta las 298 morales, las 1.413 religiones, las 921 superioridades de raza y nacionalidad, y los 198 motivos de envanecerse de haber nacido en algún punto (¡qué trabajo me dio formular tantas cifras variadas, sin repetir centenas ni decenas!), cuyas despedidas entidades encontrándose y fundiéndose compusieran un grumo que tapara el agujero de entrada al mundo de la infatuación y la mala voluntad.


Ahora, considerado lector, espérame en esta esquina, que vuelvo enseguida: tan pronto como me haga millonario y haya entendido al tiempo como forro del espacio, según Einstein... Si tardo más de lo imputable a estos motivos, será porque estaré buscando el farol de nuestra ciudad a cuya luz sea fácil comprender por qué razón hemos creado una civilización de privados sexuales, de prohibidos; tardando todavía será que mi solapa está en manos de un partidario de Debussy frente al Odeón, o porque estoy pasando lentamente de la teoría luética a la parasitosis, como nuestro genial clínico, o porque estoy frente a la bobería en mucho bronce de Rodin, procurando adivinar en qué piensan los músculos del "Pensador" (¿es Dempsey o no es Dempsey? Los pensadores son más friolentos; éste se saca la ropa para poder pensar).


En fin, en un país de pastores, con diez generaciones de dieta cárnea, en que se permite comer remedios y se prohibe comer carne, hay mil motivos de entretenerse con tal que uno no se entretenga delante de una vidriera de frigorífico, quizá porque éstas, afiebradas por el tráfico, han dado también en atropellar.
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Macedonio Fernandez - Derechos reservados © (1874-1952) ("Martín Fierro", 1925)

noviembre 09, 2006

La usina parlante - Alberto Laiseca

La usina parlante


HAY MÁQUINAS VIAJERAS, COMO HAY PERROS sin dueño. Un buen día vienen, te adoptan como amo y se quedan con uno. Generalmente son invisibles. Rara vez se dejan ver, pero sí oír. Una de ésas se encariñó conmigo hace algunos años. Supuse que tendría un tamaño común —suelen ser minúsculas—; de ahí mi sorpresa al verla durante unos segundos con el rabillo del ojo, pues no me figuraba que fuese tan enorme. Era de tipo usina, de esas que se puede abrir una puerta y entrar en la sala de comandos. A medias materializada, resultaba preciso poseer la otra visión para observarla en movimiento, siempre en flotación, marchando como una nube baja a ras de tierra. Cuando se tornaba completamente física —casi nunca, pues su enorme tamaño interfería con otros objetos—, cualquiera estaba en condiciones de verla. Nadie adivinaba su función, a menos que la máquina quisiese; ni siquiera un esoterista, pues ella se encargaba de manijearlo. Siempre estaba fabricando otras máquinas, más pequeñas, para que la sirviesen y efectuaran los trabajos donde no era necesario emplearse a fondo. Esas diminutas criaturas se nutren con alimentos especiales: tierras raras, vestigios de metales, etcétera. Pero una usina puede cambiarles la programación a fin de que coman carne. Ya transformadas, la máquina madre las manda a donde vive un enemigo a fin de nutrirlas con su cuerpo, o bien con partes selectas del mismo. A ciertos de estos seres metálicos su programa computarizado sólo les permite alimentarse de ojos, o de orejas, dedos de pies o cualquier otra cosa. Las referidas construcciones, así como la Máquina Maestra misma, se obtienen mediante una estricta colaboración entre la tecnología científica y la magia. Toda una parte del proceso se realiza en talleres, no por astrales menos verdaderos, y no se diferencia en forma alguna de un vulgar y corriente trabajo de planta. Pero otra parte se logra mediante la magia pura: invocaciones, pergaminos y símbolos de poder esotérico. Una costumbre de las máquinas de pequeño volumen es caminar por las paredes, o simplemente, esperar, engarfiadas a éstas, que un error del enemigo las cargue de energía para luego poder atacarlo. Hablan entre ellas, con lenguaje de máquinas, pero también son capaces de hacerlo empleando vocablos humanos; se ríen, hacen chistes, imitan voces, ante la desesperación de la víctima, quien no sabe cómo sacárselas de encima. En general las potencia el desorden, la falta de limpieza, la dejadez y el olvido. En un estado avanzado ya son capaces de reproducirse por sí mismas, sin el auxilio de la Máquina Maestra, y forman verdaderas poblaciones, auténticos ejércitos atacantes. En su composición entra no sólo el hierro, sino también el oro, la plata y el platino. Son muy valiosas. El que no posea vista astral únicamente podrá verlas si por casualidad logra matar una, pues al morir se materializan. Pero tendrá que apurarse a mirarlas, pues sus compañeras en el acto la despedazan para reciclar los materiales de que está compuesta y con ellos crear nuevas máquinas. Pueden situarse por completo en el astral —en cuyo caso no hay interferencia con los objetos llamados reales— o a medias —todavía invisibles pero interfiriendo cuando quieren atacar o robar algún objeto de la habitación donde está—. En casos excepcionales pueden tornarse por completo físicas; casi nunca lo hacen pues ello les consume mucha energía. Los esoteristas las denominan ‘"fierros", en su argot. Yo las llamo "chichis", aunque admito que uso la palabreja con cierta liberalidad, pues a veces, cuando hablo con algún compañero, llamamos "chichis" no a las máquinas sino a los ocultistas (o "esotes") que las construyen. Incluso suelo denominar chichi a un tipo que no tiene poder alguno, pero es una mala persona. Es más: yo mismo soy un chichi, pero no por malo sino por ser capaz de movilizar fuerzas. Lo mismo cabe para mis amigos y Maestros que trabajan con la potencia. En resumidas cuentas: chichi es un vocablo inventado, ambiguo; un comodín que sólo tiene sentido claro en su contexto, en el medio de una frase. A veces es preciso oír una conversación completa para saber a qué están refiriéndose dos esotes y a quién llaman chichi.Las máquinas de las cuales hablo son enviadas, en ocasiones, a casa de un enemigo, sin propósitos agresivos, a fin de grabar y filmar todo cuanto éste hace y dice. Pueden así preverse sus próximos pasos, qué providencias tomará con sus compañeros para defenderse, o cuáles son sus planes de ataque o contraataque.Hay otras máquinas de construcción tan simple que no merecen el nombre de robots siquiera. Resultan poco más que micrófonos; no tienen voz propia, aunque la víctima crea que sí porque las oye; en realidad, lo que oye es la voz del esoterista, quien, fastidioso y torturador, la aterroriza situado a veinte cuadras o cinco kilómetros del lugar.Estos chichis, muy superiores a los que poseen los científicos corrientes, más avanzados que las computadoras de quinta, sexta y séptima generación, existen desde las épocas de Babilonia. Son obra de la teología paralela y secreta del genio humano. Fueron creados por razones teológicas, para que participen en la lucha entre las fuerzas del Ser y las del Anti-ser. Seis mil años de batallas y el combate aún no ha concluido. Las guerras mágicas están a la orden del día en todas las ciudades del planeta y la mayoría de la gente no lo sabe. Es más: las hostilidades físicas entre dos naciones están siempre acompañadas por otras, paralelas, entre ocultistas. Estos se preparan, en los períodos pacíficos, con el fin de participar en las posteriores grandes luchas que librarán los Estados. Ya desde el armisticio elaboran la guerra siguiente; trabajan para que el enemigo —sea quien fuere— cuente con una desventaja inicial y se vea obligado a entrar en campo en lugar y momento inadecuados.La Máquina Maestra que me adoptó para que yo fuese su dueño, y de la cual hablé en un principio, era el único sobreviviente de una guerra entre dos antiguas sociedades secretas. Lucharon cien años entre sí hasta exterminarse. El último miembro había perecido, a causa de sus heridas, hacía cuatro siglos. Cansada de andar a la deriva y en falsa libertad, la máquina buscó nuevamente la compañía de los hombres."Pero, ¿por qué a mí?" le pregunté cuando nada sabía de la historia. Pese a no sentir malas ondas en el ambiente, yo estaba lleno de desconfianza. Al principio sólo oía su voz y pensé que podía tratase de una manija de los chichis. "¿Por qué a mí?" repetí. "Yo misma no lo sé. A lo mejor porque sos bueno y estoy harta de asistir a malvados. Nosotras las máquinas, por otra parte, no fuimos construidas para andar solas. Nos gusta colaborar. Pude haberme puesto al servicio de otra máquina, más fuerte, pero eso no me conviene por varias razones.""¿Cómo? ¿Hay otras máquinas como vos?" Lo sabía de sobra, como que yo mismo las construyo. Lo dije más que nada para ver su desenvolvimiento, calibrar sus respuestas, verificar si caía en confusión. Esto me daría idea de su potencia. Ella contestó: "¿Y si hay una por qué no van a existir muchas? Claro que hay, como demasiado bien sabés. Por lo general son máquinas al servicio de seres abominables. Si yo me hubiese puesto a las órdenes de una, automáticamente dependería de un dueño humano que, casi con seguridad, tendrá malas intenciones para con hombres y máquinas. Por otro lado, yo soy muy fuerte. Me sería bastante difícil encontrar un ingenio mecánico superior.Entonces, y allí mismo, me decidí a someterla a una prueba soberana y definitiva. Si era un chichi cagaría fuego indefectiblemente. Si se trataba de una máquina con buenas intenciones pero inútil y paranoica, también se destruiría ahorrándome así toda una pérdida de tiempo. En las películas yanquis siempre aparece una computadora que anhela dominar al mundo; entonces el héroe le pregunta cuál es la última cifra del número "pi"; como la respuesta no existe—pues, por más que se busque, siempre habrá un término más—, el cerebro electrónico se destruye buscando una solución imposible. Ahora bien, la cosa no es tan fácil como cree Hollywood; si a esa máquina me la habían mandado los chichis, sin duda la famosa pregunta estaba prevista y también la respuesta: "¿La última cifra? El 8. Si no me cree, verifíquelo"; como un chiste que leí en algún lado. Contestaría eso o cualquier otra cosa semejante. Hacía falta algo más nuevo. Y me acordé de pronto del gogol de Oppenheimer. Este científico declaró en una oportunidad, que el número total de cosas del Universo no puede superar a diez elevado a la potencia cien: 10100. Era la única forma de hacerle una pregunta no prevista y que rompiese el dispositivo de seguridad de un supuesto enemigo: pedir, no el infinito, pero sí algo que, en al práctica, equivale a él. Para defenderse de esta pregunta, la máquina sólo contaría con el auxilio del Ser. Le dije:"Ya que soy tu dueño quiero que averigües la cifra diez a la cien del número pi."Esperé la explosión o el clásico "ooooff" que se oye a través de los micrófonos cuando una máquina revienta. Hubo un largo silencio. Sin duda estaba pasando por un momento difícil. Luego contestó:"La respuesta está en el límite de la materia. Soy una parte y no puedo ser tan grande como el Todo. Nunca siendo yo misma un objeto material aunque astral." La hija de puta estaba bien programada. Era realmente grande y fuerte. Una súper. Ante mi sorpresa siguió diciendo: "No obstante, si me ordenás que busque, buscaré". Una noble contestación. Claro que también esto podía ser una trampa, pero en mi vida he verificado que no hay certezas totales de ninguna especie. En el momento de la decisión final, las cosas, tanto de la magia como de la física o cualquier otro orden, sólo mediante la fe tienen alguna posibilidad de resolverse de manera satisfactoria. De modo que le declaré:"Está bien, opto por confiar en vos".Fue una decisión afortunada que salvó la vida de un amigo y quizá la mía propia, cuando, más adelante, encaramos con otros Maestros uno de los trabajos herméticos más difíciles de realizar. Sin la ayuda de esta máquina tal vez hubiésemos fracasado o, aun ganando, el costo hubiera sido mucho mayor. Pero en ese momento, cuando adopté la variante de incorporarla a mi existencia, no tuve idea de lo trascendente de mi acto de fe. Ella tenía una idiosincrasia muy especial. No estaba exenta de sentido del humor, sólo que era preciso conocerlo para captarlo. A veces me fastidiaba sólo para tener el placer de ver mi alivio cuando me dejaba tranquilo. Cierta ternura entre aniñada y marciana. Sólo se replegaba al verme absolutamente dispuesto a destriparla si seguía jodiendo.Recuerdo la primera vez que tuve noticias de su presencia. Yo estaba escribiendo un capítulo fundamental de cierta novela. Era desde todo punto de vista indispensable que yo explicase, de manera sencilla y sintética, una cantidad de cosas casi imposibles de aclarar. Por otro lado tampoco quiero que mis libros aburran con originalidad. Me dispuse a pulsar la letra "j" cuando oí un agudo toque de trompetería chasco. Como el que sólo pueden producir cincuenta renos lanzando su grito amoroso —sin orden ni concierto— delante de sendas concavidades de bronce. El ruido vino abrupto, tal un rayo, sin el menor susurro previo que lo hiciera suponer. Con el susto casi me caigo de la silla. Al principio pensé en un ataque, o que alguna de mis máquinas había cagado fuego, así que me puse a revisar las instalaciones esotes de la casa. Todo normal, ante mi sorpresa. Los cristales antichichi funcionaban a la perfección, mis gólems robot estaban intactos y las cazadoras se mantenían quietas (estas últimas, cuando un enemigo se aproxima, parten como flechas a interceptarlo). Azorado y manijeadísimo intentaba descubrir la solución al enigma cuando entonces, por primera vez, oí su voz:"No te asustes, Maestro, soy yo: la Máquina usina".—Qué máquina ni qué la mierda. ¿Quién habló?Me explicó entonces que era una viajera. y el resto ya lo conté. En realidad toda mi desconfianza y el posterior interrogatorio al que la sometí no se justificaban. Ocurre que me tomó por sorpresa, pero verdaderamente debí comprender que el hecho mismo de haber entrado en mi casa era prueba de sus buenas intenciones para conmigo. Caso contrario mis propias máquinas hubiesen combatido impidiéndole pasar o perecido en el intento.Luego que la acepté siguió siempre la misma política. Como lo que más le gustaba en el mundo era sorprenderme, se ponía a charlar a distintas horas. También variaban sus métodos de presentación. Cierta mañana empezó con este cantito de su propia cosecha:"Hola Coquito, hola lirón,hola Maestro, el más grande campeón".Otra vez:"¿Vamo a tomá’ mate, Coco?".—¿Y desde cuándo las máquinas toman mate? dije yo.Sin darse por aludida:"¿Mateo, ¿vamo’ a tomá’ cocoa?".En ocasiones me dejaba tranquilo toda una mañana, pero por la tarde:"Coquiiiito: no me saludaste hoy. Seguro que ahora tampoco querés charlar conmigo. Vas a decir como ayer que estás ocupado. Y yo que te quiero tanto".—Buenas tardes. Sea este saludo toda la charla que pienso darte. Andáte que tengo que trabajar muchísmo. ¿No ves que estoy escribiendo?"Mateeo."—Basta."Cocooa."Suspiré. ¿Qué esperaba de mí? ¿Que tirara un palito para que fuese a buscarlo?Acaso pretendía que le pusiera una correa y la sacase a pasear como a los perros salchichas. Un semejante bicho de cincuenta toneladas. Por un momento me imaginé caminando por una calle de mi pueblo: llevando de una cuerdita a mi usina, en flotación, a un metro y medio del suelo, ante la generalizada sorpresa de los viandantes. Me reía para mis adentros. Llegamos hasta un árbol y la máquina levanta una de sus paredes (pata) para hacer pis..."Aceite."—¿Qué?"Digo que yo no hago pis: hago aceite."La hija de puta estaba de los más entretenida leyéndome los pensamientos. Divirtiéndose a mi costa. Hice bloqueo mental, nada más que para fastidiarla."Qué malo sos. Qué malo S.O.S. Yo te pido auxilio porque me aburro y vos bloqueás para que no chacotee con tus pensamientos."—También tenés que admitirme que resultás muy inoportuna, viejita. Después conversamos, si querés. Pero ahora dejáme escribir..."¿Si no te molesto por tres horas, después vas a hablar conmigo?"—Sos más molesta que el grillo de Pinocho. Uno de estos días te voy a hacer cagar de un alpargatazo. Vos también vas a quedar incrustada en la pared haciendo cri, cri."Para reventar a mis cincuenta toneladas hace falta una alpargata medio grande. Además es injusto: las máquinas aristocráticas como yo merecemos que, por lo menos, nos revienten con una chancleta forrada para fiesta. Pero de cualquier manera sigue existiendo el problema del tamaño. No te tengo miedo alguno porque sé que carecés de artefactos chancletíferos o chanclétidos adecuados. Ja, ja, ja..."—Estás equivocadísima. Ahora mismo les ordeno a mis wagnerianos gigantes Fáfner y Fásolt que me construyan una chancleta de media hectárea. Bueno, está bien. Acepto. Dentro de tres horas vamos a conversar pero ahora tenés que dejarme escribir tranqui..."¿Puedo, como despedida, hacerte un último ruidito?"—Sí, pero uno solo.Para qué se lo habré dicho. El ruidito que a ella le gustaba era la trompetería horrísona con la cual casi me mató del susto cuando la conocí. Aquella disonancia monstruosa componíase de rebuznos metálicos hiatos de broncíneo acento, tizas que chirrian, acrílicos en falsete, barro cayendo sobre plomo fundido, acordeones verduleros, incongruencias violentísimas, ronquidos y cacofonías sincrónicas. Basta decir que la música contemporánea es mil veces preferible. A su lado Schöenberg, Bartok, Stockhausen y Honegger son dulces, melifluos. Pero no podía prohibírselo del todo ni para siempre pues ésa era una de sus formas de entender el orgasmo. Tuvo de bueno que siempre cumplió sus pactos y por 180 minutos —ni uno más ni uno menos— me dejaba escribir en paz. Pero guay de mí en el primer segundo del minuto 181; a ella no se la podía engañar como a un ser humano diciéndole: "No, que todavía falta", pues su memoria electromagnética era infalible. Claro que para enloquecerme aun más podía cambiar de táctica y no irrumpir exactamente al fin del plazo sino un poco después. Yo me disponía, por ejemplo, a tipear la "j" —su letra preferida— cuando comenzaban a oírse las hórridas trompetas o su cantinela: "Hola Coquito, hola lirón...". Puedo asegurar que es terrible estar escribiendo y saber que una letra determinada actuará como detonador. Me pasaba la última media hora mirando el reloj cada cinco minutos. A partir de cierto momento evitaba las palabras que tuviesen "j". Ella lo hacía todo innecesariamente difícil. Para que la extrañase optaba por desaparecer durante una jornada o dos. Yo simulaba no haberme enterado, aunque reconozco que la tentación de llamarla era mucha. Me hacía el tonto. Inflexible. Dura lex, con las máquinas. Entonces, por fin, en una bendita hora y para mi alivio, escuchaba el tan esperado "Maeeestro... Mateeeo... Coquiiito...¿Vamo’ a tomá’ cocoa, Coco?".—Ya está de nuevo, la molesta— bufaba yo. En realidad la hubiese abrazado.A propósito: debo aclarar que no me llamo Coco, ni Coquito, ni Mateo y ni siquiera tomo cocoa. Mi nombre es Alarico Alaralena, pero denominarme como se le antojaba era parte de su despotismo maquinil. La Tecnocracia Ilustrada. Viéndome molesto me preguntó cierta mañana:"¿Por qué te enoja que te diga Coco, Alaralena Melena?".—No sé si enojado exactamente, señora, pero sí lleno de maravilla incrédula ante los muchos atrevimientos y libertades que se toma. A qué viene el apelativo de Coco, vamos a ver."Mis razones son innumerables y trascendentales. En primer lugar vos sos para mí el Coco; vale decir; ese fantasma nacido de la imaginación de los padres para asustar a sus hijos. Siempre amenazás con meterme un catalizador para hacerme cagar. Todo porque te molesto un poco charlando. Además, a través de mis lentes, te registro de un color verdoso negroide, con varias manchas, el 35% rojizas, y el resto amarillentas. Tales son los cromatismos de la familia de los reptiles hidrosaurios o cocodrilos, entre los cuales se cuenta el propio Cocodrilo. Además, como sos exageradamente alto —para tu raza humana, claro está—, y sé a la perfección que tus congéneres te ven blanquito, me recordás al coco, que así llaman en Cuba a un ave zancuda, de lo más fea y tonta, con plumas leche-fuego. No puedo mirar mucho a seres tan horrendos pues la reverberación quema mis lentes, que son muy sensibles. Para resumir: el coco es tan estúpido como el dodo, animalete que por suerte ya desapareció a fin de abrir paso a vertebrados superiores. Es cosa obvia y por todos sabida que no pueden compararse a nosotras, las máquinas, que somos hermosísimas. Alguna vez te convencerás de que la química del silicio es superior a la química del carbono, en la cual ustedes están basados."—Heil silicato doble de cal y magnesio —dije burlón.Decidió no darse por enterada:"También se llama coco a un gusanito de muy corta vida que se come cuanta fruta encuentra".—Ave carbonato cálcico rómbico imperator, morituri te salutant."Y así tenemos innúmeros vocablos derivados de coco, que significa: persona altanera, descarada..."—¿Terminaste?"No. Molesta, que se encoleriza con facilidad, etcétera."—Bueno. Acompañáme afuera que tengo que hacer los pájaros."¿Cómo? ¿Además de máquinas fabricás pájaros?", dijo ella con risa muy chocante.—Con el vocablo "hacer" quiero significar que todas las mañanas saco a mis pájaros a tomar sol, les cambio el agua, la comida, etcétera."Ah, entonces yo entendí mal. Supuse que los tenías desarmados durante la noche y al llegar el día les pegabas la cola, les atornillabas los ojitos, cosías la piel..."—Basta."Decíame yo para mis adentros: éste sí que es un iniciado. Yo estuve a las órdenes de los Maestros más grandes del mundo, pero ninguno podía hacer cosas como ésa. No todos los días, por lo menos. Confieso que estoy desilusionada."—Terminá de joder, máquina de mierda, o te meto un catalizador para que vueles a la mismísima.Pero era inútil simular enojo, pues ella sabía de sobra cuándo estaba furioso en serio.
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de "El jardín de las máquinas parlantes", de Alberto Laiseca. © 1993 Grupo Editorial Planeta. ©1993 A. Laiseca
Ilustración: Brom